I
-Oh, amada María Luisa, tú eres el respirar de mi existir, eres la dueña de mi corazón y la culpable de mis impulsos, sólo tú, amada mía.
-Amor mío, no merezco tus palabras, soy infinitas de ellas.
-Vida, eres la brújula que me guía por la inmensidad del universo, eres el ángel que me conduce hasta el cielo, solo tú, amada mía.
-Amor mío, no merezco tus palabras, soy infinita de ellas.
-No divises nuestra adversidad, no engañes a tus sentimientos, no divulgues tus arrepentimientos, sólo quédate conmigo.
-Amor mío, no soy merecedora de tus palabras, soy prisionera de tus recuerdos y ladrona de tus sentimientos, no creas que soy malvada, sólo cree que me estoy muriendo.
II
El sol no me deja ver, las estrellas alumbran mi camino, la noche me estorba, las nieblas cubren mis pies.
Despierto y me encuentro en el bosque, todo ha pasado tan rápido, las flores se mueven resplandecientes, el sol ilumina el atardecer.
Percibo el aroma incontenible de aquel jazmín, su aroma es tan dulce y delicado como el sutil abrazo que siente mi corazón al tenerte cerca.
Mi soledad espera, como una oruga espera envuelta en su capullo para abrir sus esplendorosas alas y volar junto a los suyos.
Mi alma inundada de recuerdos, se entristece al saber que no te tengo, te extraño, te extraño como los árboles extrañan el otoño.
El río sigue su paso silencioso, las golondrinas cantan en susurros, todo ha pasado tan rápido, las nubes se alejan con miedo a la oscuridad, las estrellas desaparecen y la brisa se ha apoderado de las tinieblas.
III
El amanecer ha llegado, el sol deslumbra el horizonte, los niños gritan impacientes, deseosos de jugar en los árboles cerca del río.
Bajo la colina, el pueblo está rodeado de gente dispersa, muchos van y vienen sin razón, a cada paso que dan, recuerdo que tú ya no estás.
Me siento debajo del árbol de mis recuerdos y contemplo con gran vehemencia el lugar en donde surgió nuestro amor, muchos recuerdos quedan, algunos inolvidables y otros irreversibles, recuerdo cada momento, cada palabra, cada latir de nuestros corazones como una dulce melodía.
Sus ojos son como dos luceros que alumbran mi camino, su sonrisa es como la luz de cada amanecer, sus labios son como los pétalos perfumados, yo sólo soy un loco enamorado.
Mi boca está sedienta de amor…
IV
He vuelto a la realidad, mis ojos se encuentran como ríos después de la lluvia.
Un inocente niño me mira con curiosidad, lentamente se acerca hacia mí y me pregunta:
-Disculpe, ¿Qué es lo que miran sus ojos que es tan profundo?
-El recuerdo, sólo el recuerdo.
-¿Quién es el dueño de aquel recuerdo que le hace vibrar?
-Un triste soñador, Santiago.
-Tan grande ha de haber sido ese amor que inunda su rostro con tan inmensa tristeza.
-Tan grande es como la distancia que me separa de ella, pues ni con las alas de un ángel, lograría llegar a ella. Lo que me consuela es que algún día de mi largo destino, nuestras almas se reencontrarán en el más maravilloso y luminoso lugar del universo.
Y así, como en una historia que en mis recuerdos comenzó enlazados y enamorados, terminó con la más profunda muestra de amor, unidos hasta la eternidad.
marianamr

La verdad es que esta muy lindo!!!
ResponderEliminarEscribes muy bien!!!